Constantemente tenemos contacto físico con las demás personas, ya sea una palmada amistosa como un puño hostil, sin quererlo nosotros mismos expresamos un comportamiento de autocontacto, es decir, inconscientemente nos tocamos ciertas partes del cuerpo que representan claramente lo que hay en nuestro interior.

Varios contactos que solemos hacer es la de tocarnos la cabeza en señal de arrepentimiento, de frustración o de aburrimiento, la de consentirse la barbilla con la mano en señal de un estado en meditación.

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